La prueba del nacimiento del creyente. Características de los que han nacido dos veces. Tres Pruebas de la salvación

La prueba del mandamiento.

Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos. 1 Juan 2.3 (RVR60)

El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo. 1 Juan 2.6 (RVR60)

Usted no es salvo por guardar los mandamientos, sino que si es salvo los guardará.

Entre los significados de la palabra “guardar” esta “observar, vigilar” Antiguamente los marineros lo usaban cuando decían: “Guardar las Estrellas” para ser guiados por ellas en sus navegaciones.

Vigilar las estrellas es muy semejante a guardar los mandamientos.

Ocasionalmente cualquier marinero podía equivocarse, distraerse y desviarse hacía una u otra dirección a pesar de haber estado vigilando las estrellas.

Cuando guardamos los mandamientos nos guiamos por ellos. Eso no se refiere a perfección sin pecado porque nadie es perfecto a excepción de Dios. Pero quiere decir que el deseo de nuestro corazón es guardar la Palabra de Dios. Desde el momento en el que se recibe a Jesucristo en el corazón hay un deseo en guardar la Palabra de Dios.

Juan el apóstol no presenta unas verdades radicales

Todo aquel que permanece en él, no peca; todo aquel que peca, no le ha visto, ni le ha conocido. 1 Juan 3.6 (RVR60)

El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo. 1 Juan 3.8 (RVR60)

Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios. 1 Juan 3.9 (RVR60)

“El que practica el pecado” está en tiempo presente y habla de un curso de acción habitual.

Juan dice que un hombre nacido de Dios no hace del pecado una práctica, no es su estilo de vida ni un hábito. No quiere decir que no puede pecar sino que no continúa pecando: ya no practica el pecado.

Antes que uno sea salvo corría al pecado, ahora que uno es salvo huye del pecado.

Juan concluye en estos versos: “Si te llamas cristiano y no estas siendo dirigido por los mandamientos de Dios y llevas una vida pecaminosa sin ninguna convicción, sin remordimiento, sin tristeza, sin inquietud, entonces no te hagas llamar cristiano, porque no lo eres”

La prueba del compañerismo.

Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos. El que no ama a su hermano, permanece en muerte. 1 Juan 3.14 (RVR60)

Todo aquel que aborrece a su hermano es homicida; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en él. 1 Juan 3.15 (RVR60)

En la familia de Dios tenemos hermanos y hermanas.

En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros. Juan 13.35 (RVR60)

Puesto que la naturaleza de Dios es amor, esto es una característica de sus hijos. Si lo amamos y su amor está en nosotros, entonces amaremos a los que él ama, es decir su amada familia. Esta es la razón por la que no es posible decirle sí a Jesús y no a su iglesia. Muchas descripciones y analogías describen la iglesia:

  • La iglesia es un edificio y Cristo es el fundamento. ¿Quién puede aceptar el fundamento y no aceptar el edificio que descansa sobre el fundamento?
  • La iglesia es su novia. ¿Quién puede aceptar al novio y no aceptar a la novia?
  • La iglesia es un cuerpo. ¿Quién puede aceptar a Cristo que es la cabeza, y no aceptar al cuerpo?

Mas yendo por el camino, aconteció que al llegar cerca de Damasco, repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo; Hechos (RVR60)

y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Hechos 9.4 (RVR60)

Cuando alguien persigue a la iglesia, persigue a Jesús. Rechazar a la iglesia es rechazar a Jesús. Amar a la iglesia es amar a Jesús. Esa clase de amor es una marca de nacimiento del creyente.

La prueba de la confianza.

El que cree en el Hijo de Dios, tiene el testimonio en sí mismo; el que no cree a Dios, le ha hecho mentiroso, porque no ha creído en el testimonio que Dios ha dado acerca de su Hijo. 1 Juan 5.10 (RVR60)

La convicción bíblica (confianza) no es sólo un ejercicio intelectual. Usted no cree acerca de Jesús, usted cree en Jesús.

No dice: “El que ha creído”. Dice: “El que cree”. Nuestra confianza siempre debe estar en tiempo presente.

La Biblia nunca usa la experiencia como prueba de salvación. Nunca se enfoca en algún suceso del pasado en el que hayamos creído en Jesucristo. Siempre trata con nuestra confianza presente.

Si usted está creyendo, entonces hubo un momento en que verdaderamente creyó.

Si usted está confiando en Jesús ahora es porque sí confió en Jesús. La prueba real no es si recuerda el momento o el lugar, sino que en este momento usted está poniendo su confianza en el Señor Jesucristo.

Si usted está confiando en Jesús (tiempo presente) es salvo. Si no, no confíe en una experiencia pasada.

¿Cómo podemos saber si estamos confiando verdaderamente en este momento?

El testimonio del Espíritu.

El que cree en el Hijo de Dios, tiene el testimonio en sí mismo; el que no cree a Dios, le ha hecho mentiroso, porque no ha creído en el testimonio que Dios ha dado acerca de su Hijo. 1 Juan 5.10 (RVR60)

La salvación no tiene que ver con lo que uno siente, sino con lo que uno cree.

Las emociones son la parte superficial de su naturaleza. La salvación es la obra más profunda de Dios. Él no hará la obra más profunda en la parte más superficial.

El testigo es el Espíritu Santo quien le dice a su espíritu, humano con una confiada calma que usted pertenece a Jesucristo.

El testimonio de la Palabra.

Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo. 1 Juan 5.11 (RVR60)

El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida. 1 Juan 5.12 (RVR60)

Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios. 1 Juan 5.13 (RVR60)

Escrituras nos han sido dadas para que creamos.

De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida. Juan 5.24 (RVR60)

Esa es la confianza en la Palabra. Unamos estas afirmaciones: los testimonios que el Espíritu y la Escritura nos dan nos llevarán a esta agradable certeza.

¿Por qué aun un creyente sigue dudando de la salvación?

¿Sabe qué puede estar mal? Usted tiene algún pecado en su vida. No está obedeciendo al Señor y necesita confesar ese pecado porque no hay nada más perjudicial para la fe y la seguridad que el pecado sin confesar y sin arrepentimiento en su corazón y en su vida.

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