Seguridad Eterna. Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.  Juan 10.27–29 (RVR60)

Cuando sabemos que el futuro está seguro podemos concentrarnos en el presente

Somos productivos cuando tenemos seguridad eterna

Tener seguridad eterna, se refiere a alguien que ha llegado a participar de la naturaleza divina, que ha nacido del cielo y que por siguiente esta unido al cielo, alguien que ha nacido de nuevo y se ha convertido genuinamente en hijo de Dios.

No es que algunos pierden la salvación sino que tal vez nunca la tuvieron. Ver el contraste:

Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Mateo 7.22 (RVR60)

Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad. Mateo 7.23 (RVR60)

Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, Juan 10.27 (RVR60)

y yo les doy vida eterna (seguridad eterna); y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Juan 10.28 (RVR60)

Generalmente los que salen de la comunión de Cristo eran porque nunca estuvieron en Cristo.

Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestase que no todos son de nosotros. 1 Juan 2.19 (RVR60)

Razones por las que tenemos seguridad eterna:

La Promesa de Dios

Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro. Romanos 8.38–39(RVR60)

Aquí encontramos oponentes que nunca nos podrán separar del amor de Dios.

Lo que Dios empieza, lo termina.

…estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo; Filipenses 1.6 (RVR60)

La salvación es obra de Dios, no es “hágalo usted mismo”.

Dios empezó la obra en nosotros convenciéndonos.

¿Cree que usted mismo se convenció de su pecado? No, la Biblia dice: “…no hay quien busque a Dios” (Romanos 3:11). Él fue quien lo persiguió y lo convenció de su pecado. Si él no pudiera correr más rápido que usted, usted nunca habría podido ser salvo. “Nosotros amamos, porque él nos amó primero” (1 Juan 4:19).

Él no sólo es quien convence, también es el que convierte. Él fue quien abrió nuestro entendimiento.

El creyente es predestinado para ser semejante a Jesús

Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Romanos 8.28–29 (RVR60)

Dios tiene un plan para usted, y ese es que usted va a ser semejante a Jesús.

“Predestinó” Significa que su destino ya está determinado. Usted está predestinado para ser semejante a Jesús.

Por una sola ofrenda hizo perfectos a los que son salvos.

…porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados. Hebreos 10.14 (RVR60)

Jesucristo fue clavado en esa cruz para nunca más volver a morir. Su única ofrenda ha perfeccionado para siempre a los que hemos sido salvos.

Debido a ese perfecto sacrificio tendremos perfección completa en el Señor Jesucristo.

Cuando usted llega a ser salvo, Dios no le da simplemente un nuevo comienzo, él le da perfección eterna por esa “única ofrenda”.

Si usted perdiera esa salvación, Jesús tendría que morir de nuevo para que pudiera ser salvo de nuevo. Usted se salva el mismo número de veces que Jesús murió. “Porque con una sola ofrenda ha perfeccionado para siempre…”.

Si yo dependo de mi comportamiento para mantenerme salvo, entonces estaré perdido y sin esperanza.

…mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia. Como también David habla de la bienaventuranza del hombre a quien Dios atribuye justicia sin obras, diciendo: Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas, Y cuyos pecados son cubiertos. Romanos 4.5–7 (RVR60)

“Atribuye” Quiere decir poner a la cuenta de Alguien.

“Cubiertos” quiere decir que son borrados como si nunca hubiera sucedido.

Si Dios pusiera medio pecado a mi cuenta, me perdería para siempre. Si dependiéramos de nosotros para nuestra salvación nunca la tendríamos.

Los creyentes tienen una nueva posición, están “En Cristo”

De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. 2 Corintios 5.17 (RVR60)

Sólo hay dos tipos de personas, y cada uno de nosotros somos parte de uno de ellos. Adán o Cristo. En Adán todos mueren, en Cristo todo es vivificado; todos estamos o en Adán o en Cristo.

Si usted está en Cristo, esa es su nueva posición, y lo que pertenece a Jesús le pertenece a usted. Usted está en Cristo. La única manera en la que usted podría perder su salvación sería que Cristo perdiera su relación con el Padre, pues usted está en Cristo y es parte del cuerpo de Cristo. Sería inconcebible que una parte del cuerpo de Cristo muriera.

El ejemplo del arca:

La Biblia dice:”…Y Jehovah le cerró la puerta” (Génesis 7:16). ¿Por qué cerró Dios la puerta? Por dos razones: Para mantener el agua afuera y mantener a Noé adentro.

Noé pudo haberse caído dentro del arca, pero nunca se cayó. Pues ¡Dios lo encerró y lo selló!

La seguridad eterna no está en un lugar; está en una persona, ¡cuyo nombre es Jesús! Usted está en Cristo.

El poder de Dios protege al creyente

Si alguien quisiera hacerle daño a uno de tus familiares, usted haría lo que podría para protegerlo, pero como humano no tiene todo el poder para evitarlo, pero Dios sí puede hacerlo porque él es Todopoderoso.

Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros, que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero. 1 Pedro 1.3–5 (RVR60)

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